Nuestra historia

Cuatro décadas de trabajo familiar

En 1986, la familia compró una finca en Ugarteche: un terreno enorme, pero en un estado de abandono total. Sin tractores, sin herramientas y sin experiencia previa en el campo, había que construir todo desde cero.


Los primeros años — aprender haciendo

Carlos (padre), a quien la finca debe su primer nombre — Finca Don Carlos —, aprendió el oficio a fuerza de trabajo, prueba y error, sin manual ni guía. Se puso en funcionamiento el pozo de riego, y se consiguió gente dispuesta a trabajar la tierra, aportando su esfuerzo y conocimiento. Los primeros cultivos fueron variados: tomate, pimiento, cebolla, ajo, zanahoria, y también algo de maíz y papa.

De todo se fue aprendiendo. Con el tiempo se compraron tractores, maquinaria e implementos — siempre a fuerza de mucho trabajo, con el aporte invaluable de la gente que trabajó la finca, y una cuota de fortuna en lo que respecta al clima.

Lamentablemente no siempre fue así: en varias oportunidades el trabajo, la inversión y el sacrificio de una temporada entera se perdieron en una tormenta.

La finca, en un convenio con el gobierno de la provincia, cedió un sector propio para una de las rampas de lanzamiento de los cohetes antigranizo "Alazán" — de fabricación rusa, parte del programa de lucha antigranizo que Mendoza mantuvo con la ex URSS desde mediados de los años 80. Ahí funcionó, durante varias temporadas, el PL31 (Puesto de Lanzamiento 31) de la lucha antigranizo, hasta la desactivación del programa. Los cohetes no siempre funcionaban bien — pero fueron parte de la vida de la finca durante años.

Durante varios años, la finca participó del programa "Tomate 2000", entregando su producción de tomate a algunas de las fábricas más representativas de la industria, entre ellas La Colina y Sancor.

Con los años, la finca fue ganando productividad y reconocimiento. Hacia 2001, Don Carlos fue distinguido como uno de los principales productores de tomate para industria — un logro que se gana con volumen, constancia y calidad sostenida.


La continuidad — una nueva etapa

Ariel, hijo de Don Carlos, creció entre estas tierras. De chico ya manejaba el tractor en las temporadas de cosecha y colaboraba en otras tareas, aunque su participación era parcial: entre sus estudios y sus actividades en la ciudad de Mendoza, solo podía sumarse en los momentos de mayor actividad. Con el tiempo empezó a involucrarse cada vez más en el manejo de la finca, hasta instalarse de forma permanente alrededor de 2022. Desde entonces lleva adelante la gestión agronómica.

En 2026, la familia decidió renombrar la finca a "Los Carlos", en homenaje a los tres Carlos de la familia: Carlos (padre), su fundador; Carlos Ariel, su hijo, hoy a cargo de la gestión; y Juan Carlos, la generación más joven. Un nombre que empezó honrando a uno y hoy representa a tres, en la misma tierra.


El terruño

La finca se ubica en el piedemonte andino de Ugarteche, Luján de Cuyo — una zona de amplitud térmica, suelos franco-arenosos y agua de deshielo. Un terruño que imprime carácter a todo lo que se produce...


Nuestros valores

• Calidad — Seleccionamos cada producto antes de ofrecerlo al mercado.

• Tradición familiar — El conocimiento del campo pasa de generación en generación.

• Terruño andino — Aprovechamos el clima único del piedemonte mendocino.

• Trato directo — Una apuesta nueva: estamos empezando a vender parte de la producción sin intermediarios, directamente al consumidor.

• Cuidado del suelo — Prácticas agrícolas responsables con el medioambiente.

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